Publicar libros no me da la felicidad que busco, pero es parte de mi camino y mi vida

Si por algo me conocen (quienes me conocen) es por los libros. También me han escuchado en la radio o en algún podcast, pero yo comencé con las novelas y los libros juveniles. A día de hoy tengo tres libros publicados en papel y uno en digital. De todos ellos he de decir que el que más feliz me ha hecho ha sido El héroe de la Máscara. Pero, en realidad, ninguno me aportó felicidad de forma directa. A continuación hablaré sobre mi experiencia con la autoedición y con las publicación.

Publicar libros no me hizo tan feliz como creía

Entonces ¿qué la da? Qué me hace feliz y qué me hace estar satisfecho de mi esfuerzo y mi trabajo. Yo creo que la felicidad no solo es posible y no solo es un derecho, sino un deber del ser humano. Pero perseguir metas a corto o largo plazo e ir cumpliéndolas no es lo que nos dará esa felicidad. El proceso es muy duro y requiere de mucho trabajo. Además, hay que estar negociando, haciendo llamadas, colaborando con profesionales de todo tipo y cuidando cada detalle. En la autoedición todo esto es mi responsabilidad como autor y editor, lo que lo complica aún más. Las presentaciones, los eventos y las firmas son muy divertidas y me encantan, pero el tema de las ventas de libros son la peor parte.

Muchas veces siento que me están haciendo el favor. De hecho, con la autoedición veo muchas personas que compran libros por ayudar y por obligación, en lugar de porque quieran realmente ese libro. Es lo que hace que no me apetezca meterme en otra publicación en físico. Prefiero subirlo de forma gratis a internet o a bajo precio y dejar que solo quienes realmente quieran leerlo lo descarguen. Por ello, saqué de esa forma El héroe de la Máscara y es por eso que digo que es el que menos me ha hecho “sufrir”.

La felicidad está en seguir un rumbo

No soy feliz publicando un libro. Trabajar en ello durante tanto tiempo y pelearme con tantas situaciones para que todo salga bien no me aporta placer ni felicidad. Sí satisfacción en el momento en el que todo está terminado y veo a mis amigos y familiares frente al escenario. Ese momento es mágico. Casi diría que vivo para ello, para comunicar y para transmitir algo a los demás, no tanto para publicar libros. Lo que sí nos hace felices es perseguir un objetivo eterno, es decir, seguir un rumbo. Tal y como nos cuenta Jorge Bucay en “El camino a la felicidad”, hay cuatro rumbos. Estos son los siguientes:

  • El placer. El rumbo de aquellos que viven para disfrutar la vida y aprovecharla, haciendo todo lo que les aporte placer.
  • El poder. Quienes buscan conseguir el máximo poder posible y sentirse importantes, como puede ser un empresario o un dirigente.
  • La misión. Aquellos que viven para cumplir una misión, sea salvar niños en países en guerra o cuidar a X persona.
  • La trascendencia. Es el rumbo de los artistas, las personas que comunican y enseñan, que buscan la trascendencia mediante lo que aportan al mundo. Este es mi rumbo, al menos en la actualidad.

Hay que coger impulso para saltar, aunque implique no publicar libros este año

Todos buscamos en mayor o menor medida los cuatro rumbos, pero uno de ellos predomina. En mi caso yo diría que lo que me hace feliz ahora mismo es ese camino a la trascendencia. Claro que soy consciente de mis limitaciones y de mi necesidad de aprender y formarme. Por ello, antes de lanzarme a seguir creando y a desarrollar tantos proyectos, prefiero leer, estudiar temas que me interesen y mucho más. En eso es en lo que me centro este año, en aprender y seguir creciendo como persona.

¿Me hace feliz publicar libros? Puede que no, pero son objertivos que marco en mi rumbo a la felicidad y que me aportan mucho. No descarto sacar alguna nueva novela en autoedición o con editorial, pero de momento no. Eso sí, como ya dije hace unas semanas en este post, sigo escribiendo y experimentando. Algún día podría sorprender anunciando alguna publicación menor.

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