Instagram es falsa apariencia y Twitter es queja incesante

El pasado sábado, día de Eurovisión, decidí eliminar las redes sociales de mi iPhone. Vi mucha polémica con el tema de que hubiera ganado Israel, además de con los asuntos diarios. Muchos comentarios, muchos tuits y muchas stories en Instagram. Tanto contenido debería aportarme algo positivo, pero no. Tan solo negatividad, vacío, emociones contrarias y dudas o inseguridad. Es una batalla de egos en la que luchamos para estar por encima de los demás y ser los mejores. Incluso quienes carecen de autoestima y se atacan a sí mismos participan de esa batalla. Por estos y por los motivos que veremos a continuación, quizás deberíamos plantearnos el uso de las redes sociales.

¿Qué nos aportan las redes sociales?

Las grandes redes sociales buscan mantenernos el mayor tiempo posible en la aplicación. Del mismo modo, nos venden anuncios y publicidad, es su negocio. No habría ningún problema de no ser por lo que publicamos y el uso que le damos. ¿Qué leemos o vemos en Instagram, Twitter e Instagram? ¿Es contenido relevante que nos nutra y nos haga crecer como personas o aprender? Generalmente no, por muchos medios que sigamos. Y es que hoy en día hasta los periódicos y medios importantes buscan manipular y alterar nuestra percepción. Nos venden la moto, se atacan entre ellos y generan odio mediante noticias falsas y titulares.

Instagram es una dimensión de apariencias, filtros y hormonas

En Instagram muchos generan inseguridad al ver una falsa belleza en los demás. Se sienten inferiores a ellos. Otros intentan cubrir sus miedos y su carencia afectiva o falta de autoestima con selfies. No nos aportan nada ni sirven para hacernos sentir mejor, sin embargo, ahí estamos. ¿A quién le importa que esté con una amiga en el parque? ¿A quién le importa lo que esté haciendo? Lo cierto es que a nadie, por ello medité sobre si debía o no seguir subiendo stories. Me sentía mal haciéndole perder el tiempo a la gente. Esos 20 segundos que dedicaban a ver mis fotos son muy valiosos, aunque no lo crean.

La mayoría de las veces que publicaba una foto lo hacía para dar envidia o mostrar que estoy haciendo algo importante o destacado. Un intento de quedar bien y decirle a mis amigos: «miradme, tengo vida y salgo de mi casa.» Patético, sin duda. Y sigue creciendo en número de usuarios.

Twitter, el odio y la manipulación en forma de hilo

La batalla de egos está siempre presente, pero en Twitter se vuelve más notable. No importan los argumentos ni los temas que comentemos, sino quién lleva la razón y quién no. Si la tiene el otro, insúltale o niega sus argumentos. Si la tienes tú, déjale claro que eres el que manda. Y si no te gusta el contenido que hay y lo que te dicen, no estés en Twitter. Ese es el argumento de muchos ante el contenido tóxico y destructivo.

Esta red social no quiero abandonarla, pero sí reducir el tiempo que dedico a ella y las cuentas que sigo. Por ello, en primer lugar borro la app del iPhone y dejo la del iPad. En segundo lugar desactivo los RTs de cuentas que sigo y dejo de seguir otras. Todo el contenido que genere odio o pueda molestarme, en lugar de insultar o cabrearme, lo quitaré de mi Tl. Dejar de seguir cuentas es una de las mejores opciones, otra reportar (en caso de que ese contenido vaya contra políticas de Twitter).

¿Son malas las redes sociales?

No. El problema no son las redes sociales, el problema es el uso que le damos. Yo no le doy un buen uso a Instagram ni recibo nada positivo de la aplicación, por ello la borro. No será para siempre, pero en este momento de mi vida no me apetece generar una falsa apariencia ni presumir de selfies. De vez en cuando entraré por si tengo algún mensaje o alguien quiere contactar conmigo, pero por ahora nada más. Y Facebook ahí está, una mezcla de Instagram y Twitter que no conviene ni comentar.

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