¿Qué es frivolizar y cómo hemos convertido a los escritores en algo frívolo?

Buscaba ampliar mi conocimiento y mi vocabulario por varios propósitos. El primero era la escritura, el segundo el desarrollo personal. Me imaginaba en un futuro próximo, hablando sobre cualquier tema de actualidad o dando mi opinión al respecto, y me pregunté cómo podía mejorar la oratoria, dar la imagen de ser una persona culta o directamente serlo. Es una estupidez, como cualquier otra, pero llegué a la conclusión de que necesitaba ampliar mi vocabulario castellano. Así fue como llegué a un término que, si bien había escuchado mil veces, no sabría describir. Frívolo, frivolidad, caer en la frivolización. Hoy me he propuesto descubrir qué significa que algo es frívolo.

Significado de frivolizar según la RAE

Encuentro como definición «tomar con frivolidad algo». Busco el significado de frivolidad y la obtengo como respuesta que se trata de una cualidad de frívolo. Entonces realizo una tercera consulta y es entonces cuando me dan la información que busco. Hablaríamos de un adjetivo que se puede utilizar para decir que una persona es insustancial y veleidosa. De algo que tiene poca sustancia o, lo que es lo mismo, poca importancia. Una publicación o una obra que trata temas ligeros y con predominio de lo sensual. Tras leer estas definiciones vuelvo a preguntarme, ¿qué es frivolizar? Lo mismo soy estúpido y no me ha quedado claro después de las tres búsquedas.

En este caso podríamos decir que frivolizar es la acción de restar importancia a algo, convirtiéndolo en tema o asunto baladí. Normalizar una acción o un tema. Convertir en común algo excepcional o interesante que destacaba por su rareza y su importancia, ya extinta.

Cruel ejemplo de frivolización: la escritura creativa

Y como ejemplo, me gusta hablar de la literatura y la publicación de libros. Muchos piensan que es un gran logro y que es algo excepcional. Sin embargo, yo pienso que hemos frivolizado este arte y que nos lo estamos cargando con publicaciones desmedidas, con la autoedición y con el descontrol de lo que sale al mercado de libros. Hoy en día cualquiera publica su obra, sin necesidad de corregirla ni revisarla, lo que no significa que la autoedición prescinda de la corrección, sino que no es un requisito. Desaparece el embudo que controla y mide quién publica y quién no. Ya nadie puede poner trabas ni dificultar la tarea de la publicación.

Yo soy el ejemplo perfecto de publicación libre. He sacado en papel 3 novelas y otras tantas en digital, con lo mejor y lo peor que cabría imaginar. Después de hacerlo, me he dado cuenta del error que supuso. Viví la experiencia, cumplí un sueño y me sirvió para crecer como persona. Sin embargo, considero que no debería haber publicado nada hasta conocer más a fondo la historia de la literatura; analizar y disfrutar obras clásicas; leer a los grandes autores y desarrollarme como individuo.

Y es que, como dijo cierto autor español, al publicar con dieciocho años, si no eres un genio, eres un idiota con pretensiones de serlo. Por triste que pueda parecer, genios hay muy pocos. Se supone que es algo excepcional y único.

Tu opinión es la que conquista o pierde seguidores, no tus obras

«Es una pena que este señor venda miles de libros y haga rico.» «Dejad de comprar libros a este individuo.»

Son algunos de los comentarios que pude leer en Twitter hace unos días. Hacían referencia a un escritor cartagenero de fama cuanto menos envidiable. Enlazaban al tuit otro del escritor en el que daba su opinión sobre la actuación de ciertos miembros políticos. No quiero hablar del tema de la política ni de dicho escritor, sino de la acción del tuitero. El tuitero somos todos, como diría el famoso eslogan de Hacienda. Todos opinamos, y lo más importante: opinamos sobre la opinión de los demás. Unas veces sabremos de qué estamos hablando y otras no, pero lo hacemos. Y yo quisiera saber hasta qué punto se puede ser seguidor o fan de alguien con ideas y opiniones diferentes.

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