“A la altura de las magdalenas” – Relato #OrigiReto2018

Si bien Billy Rain no solía llevar gafas más que en el colegio para poder ver con claridad la pizarra desde el fondo del aula, aquella tarde se le olvidó quitárselas. Entonces, todo cambió para él.

En primer lugar, descubrió que en el techo de su habitación había telarañas.

—Luego las quito con el palo de la escoba.

En segundo lugar, que se podía ver con facilidad lo que hacían sus vecinos a través de la ventana, es decir, que podía verles discutir una y otra vez.

—Qué mala cara pone cuando se enfada la señora Feizar.

Y en tercer lugar, encontró la respuesta a una pregunta que llevaba haciéndose toda la vida y que no habría sido capaz de resolver de no ser porque llevaba puestas las gafas, además de por un despiste de su madre que le llevó a olvidar cerrar cierto armario de la cocina.

—¡Lol! —exclamó el chico imitando la expresión que había escuchado de sus amigos y que no significaba nada pero que utilizó para para transmitir su emoción ante tal sorpresa—. ¡Así que es ahí donde mamá guarda las magdalenas!

Al instante quiso atraparlas y engullirlas para disfrutar de su delicioso sabor y de esa textura esponjosa que tanto le gustaba. Solo había un inconveniente: Billy Rain era tan pequeño que a duras penas alcanzaba a la encimera, mucho menos al armario. Se planteó utilizar el palo de la escoba, que era su herramienta multiusos, pero no le serviría, como mucho conseguiría empujar las magdalenas hacia el interior aún más y complicaría la tarea.

Oh, sh*t! —Otra expresión cuyo significado desconocía pero que utilizaba de igual manera—.Si tengo que esperar dar el estirón me moriré de hambre!

Billy se lamentaba de ser el más bajito de su clase. Su madre siempre le animaba diciéndole que algún día crecería y se volvería grande y fuerte, pero eso no iba a pasar. Estaba seguro de que era un cuento que le decía para intentar animarle, pero que no decía la verdad. Si bien podría crecer algo con el tiempo, nunca sería grande como los demás. Tenía once años y no medía más más de un metro con veinte centímetros. Prácticamente era un enano.

Arrastró una de las sillas de la cocina con la idea de subirse en ellas, pero ni así llegaba, aunque podía servirle para subirse a la encimera. Lo hizo, y una vez en ella se agarró fuerte a los armarios para no perder el equilibrio y caer. La bolsa de las magdalenas estaba en el estante de arriba. Seguía siendo demasiado para el pobre Billy.

—El palo, el palo.

Bajó con rapidez y recogió su herramienta multiusos, para después regresar a la encimera y proseguir su travesía. Notaba el frío mármol de la encimara a través de sus pies descalzos y tenía miedo de lo que pudiera pasar, pero no dejó que ello le amedrentase. Ya que no sería nunca alto, por lo menos podría ser valiente. A falta de pan buenas son tortas. O magdalenas.

El extremo del inmenso bastón se introdujo en el estante y tocó el fondo, indicando que ya solo tenía que arrastrarlo hasta empujar la bolsa al frente y sacarla del armario. Un poco más y…

—¡Sí!

La bolsa cayó contra la encimera y rodó hasta el suelo. Su forma no se alteró ni un milímetro. Quizás se le cayó algo de azúcar, pero estaban impecables. Es lo que tiene ser tan esponjosas, que podrían lanzarse desde la estratosfera y permanecerían igual, o eso pensaba Billy.

—Si yo fuera como ellas no me haría daño de saltar al suelo desde aquí— pensó Billy.

Habiendo logrado el objetivo de la misión, lanzó el palo lejos y posó el pie sobre la funda de la silla, que se hundió con su peso. Cuando estuvo sobre ella a punto de bajar, una de las patas traseras se partió y el chico se vino abajo, chocando de bruces contra el suelo. Lo primero que se rompió fue la silla, por supuesto, pero no lo único. Le siguieron las gafas de Billy y su incisivo derecho. Además, la caída le produjo un gran corte en la pierna que le dejaría cicatriz y algunos moratones por todo el cuerpo, pero no lloró. Ni siquiera un poco. Tenía sus magdalenas y podía disfrutar de ellas como había soñado.

—Solo una, ya lo sabes —le reiteraba su madre cada vez que él pedía más.

El precio a pagar había sido alto, pero había logrado su objetivo. Dolorido, se arrastró hasta la bolsa, la agujereó al no poder deshacer el nudo y mordió la primera magdalena. Jamás había probado una tan buena como esa.

En realidad, la magdalena era igual que todas las que tomaba a diario, comprada en la misma tienda y fabricada por la misma empresa, pero sabía diferente. Era el sabor de la victoria. Un sabor capaz de mitigar el dolor, o al menor reducirlo hasta un punto en el que no le importara tanto.

—Ojalá poder mojarlas en leche —murmuró.

Pero esa misión tendría que esperar. Para alcanzar la puerta del frigorífico no tenía problema, aunque debía servirse de la silla para coger la leche, silla que quedaba destrozada y tirada en medio de la cocina junto a él.

—No seré alto ni fuerte, pero he conseguido mi trofeo y ser pequeño no me lo ha impedido. Que le den a Tom —el chico más alto de su clase— y que le den a todos.

Su madre llegaría media hora más tarde y se encontraría la cocina destrozada y al chico mordiendo los restos pegados en el papel de la última magdalena. Por un lado el palo de la escoba, por otro el cepillo de la misma. El armario abierto, la bolsa vacía, el suelo lleno de migajas y la silla rota.

—¡Qué ha pasado! ¡Por amor de Dios, estás sangrando! —Pero lo que más le preocupó fue…— ¡¿Son esas las magdalenas?! ¡¿Te las has comido todas?! ¡No te puedo dejar solo ni un momento, Billy!


Mayo (1) por Josekopero #OrigiReto2018

Continúo con el #OrigiReto2018 En esta ocasión  os traigo un relato que cumple con el objetivo: 8- Escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura.

Disfruta de este y de mis otros relatos. Los he recogido todos en una página en esta misma web, para que todo esté organizadito y puedas leer con facilidad. Encuéntralos en OrigiReto2018.

6 comentarios en ““A la altura de las magdalenas” – Relato #OrigiReto2018

  1. ¡Hola!

    Qué puedo decir, me ha gustado mucho el relato. Muy buena idea para el objetivo, además ha quedado muy ameno y entretenido. Lo que no sé es cómo no caí en cuál era el objetivo al leer el título, si está muy bien hilado.

    Un saludo, ¡hasta otra!

  2. ¡Hola!

    El final del relato me ha encantado, sobre todo porque la madre se queda tan shockeada que es como que me imagino su cara de WTF!
    En general todo el relato está muy bien y es muy ameno, además que no se hace nada raro de leer aunque estés hablando de algo en apariencia trivial desde un punto de vista que lo magnifica demasiado. Queda muy coherente.

    Me ha pasado como a Esther, que no caí en el objetivo y luego pensé que con el título es bastante obvio. En mi defensa diré que después de haber leído el relato de Neswina, pensaba todo el rato que este sería para el mismo objetivo. Me alucina que hayáis escrito sobre lo mismo en cierto modo, ¡y durante el mismo mes! Me parece una casualidad muy graciosa y una de las cosas que más me gusta de leer todos vuestros relatos.
    ¡Enhorabuena por los 4 op! Pronto en el ranking.

  3. Jajaja, me encanta el título! Muy entretenido el relato y buena forma de dar pistas para el número del objetivo. Lo que más me ha gustado es lo estoico del personaje a pesar de la mala suerte que tiene y del daño que debe haber sufrido, auch! En fin, todo correcto, quizá me suene esto un poco raro:”…a duras penas alcanzaba a la encimera, mucho menos al armario.” Creo que yo habría puesto “alcanzaba la encimera” y “el armario”.

    Objetivo cumplido y estupendo relato ^^ enhorabuena por esos 4op, directos a tu marcador!

    .KATTY.
    @Musajue

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